Pódcast · Episodio 41

Que leer sea para todos: lectura fácil y dislexia, con Pedro y Noah García.

¿Y si un niño no odiara leer, sino que nadie le hubiera dado todavía un libro pensado para él? Pedro García Torrico y su hijo Noah, padre e hijo con dislexia, escribieron a cuatro manos «Tres historias asombrosas», un libro en lectura fácil para que ningún niño se quede fuera de la lectura.

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Ya sabéis que para mí escribir fue la manera de contarle al mundo lo que me pasaba: «El silencio se apodera de mí» y «Yo me apodero del silencio» nacieron de ahí. Por eso se me eriza la piel cuando encuentro a dos escritores que hacen lo mismo. Pedro y Noah vinieron desde Cornellà hasta Madrid para hablarnos de lectura, de escritura y de algo que parece que está de moda pero que ha estado siempre ahí: la neurodivergencia.

Todo empezó con un diagnóstico

Fueron los profesores de primaria quienes avisaron a Pedro y a Nuria, su mujer, de que Noah tenía alguna dificultad y de que necesitaba un diagnóstico para poder ayudarle. Una psicóloga infantil confirmó dislexia y TDAH. Con ese diagnóstico, el colegio pudo hacer adaptaciones, y con ellas Noah siguió el ritmo del curso, sacando incluso notables.

Pero en casa la historia tuvo dos caras. Nuria lo detectó incluso antes que el colegio. Pedro, en cambio, no veía nada raro: todo lo que le pasaba a su hijo le había pasado a él de pequeño, así que le parecía normal. La dislexia suele transmitirse de generación en generación, y al acompañar a Noah, Pedro descubrió que él también tenía dislexia y TDAH.

La dislexia no es algo que se vea ni que se note, porque tú eres así. Yo nunca la había notado hasta que la vi en mi hijo.

Cómo detectar a tiempo la dislexia y el TDAH

Muchas madres que nos escucháis os preguntáis en qué fijaros. Pedro fue claro: lo primero es acudir a un profesional. Como padre puedes intuir cosas y equivocarte; el diagnóstico te da certezas y, sobre todo, herramientas. Y pidió perder el miedo al psicólogo: no está para ponerte un «no», sino para potenciar todo lo bueno que tienes.

En su caso, las señales eran un niño muy nervioso, que no podía estar quieto ni en la mesa, que se perdía cuando le hablaban y al que le costaba concentrarse. Tuvieron suerte de que el diagnóstico fuera precoz, justo cuando Noah empezaba a leer. Lo que más ayuda, contó, son las pautas: pocas cosas, bien estructuradas y organizadas.

También habló de algo de lo que casi no se habla: la carga de las familias. El fin de semana entero haciendo unos deberes que el lunes se quedan en casa, las malas notas, el «vístete, arréglate, ponte esto» de cada día. Gota a gota. Los niños son lo primero, pero los padres también tenemos que cuidarnos.

La neurodivergencia: de dificultad a virtud

A mí no me gustan las etiquetas; yo llevo la de la sordera. Por eso le pregunté a Pedro cómo le cambió saberse neurodivergente de adulto. Él no lo vive como una etiqueta, sino como saber cómo eres. Lleva toda la vida perdiendo cosas, desde los cinco euros que su madre le daba para ir a la panadería hasta una tarjeta de crédito hace poco. Y precisamente por eso ha aprendido a no dramatizar.

Te caes tantas veces que lo bueno que tenemos es que sabemos levantarnos. Un problema, por grave que sea, no lo vemos como un problema: lo vemos como un reto.

Para Pedro, de pequeños cuesta más porque todavía no tienes las herramientas; pero cuando las tienes, llegas muy lejos. Él lo llama pasar de dificultad a virtud, como el patito feo. Y cree que la educación tiene que mejorar para potenciar a todo el alumnado, no solo a quien aprende de la forma común. Quizá, apuntó, la inteligencia artificial ayude algún día a que cada alumno trabaje las asignaturas a su manera.

Noah, trece años y un piano

Noah tiene trece años y estudia segundo de la ESO. Es tímido, pero tiene una mirada muy especial, la de un chico divertido y con ganas de crear. Del diagnóstico ya casi no se acuerda, y su día a día en el instituto lo describe como «normal». ¿Su asignatura favorita? El patio. Me reí mucho, porque a mí me pasaba igual.

Lo que sí le gusta es la música: toca el piano, y cuando toca se siente relajado, en paz. A mí me ocurría con el dibujo artístico. La música, el dibujo o la escritura son el lugar donde se desarrollan nuestras emociones, y el sistema educativo todavía no les da el valor que tienen.

«Tres historias asombrosas»: cuentos nacidos de un paseo

El libro nació caminando. En vez de hablar de fútbol, Pedro y Noah se inventaban historias mientras paseaban por Cornellà, y Pedro las apuntaba en un papel. Cuando decidieron hacer algo para ayudar a otras familias, pensaron en esos cuentos. Por eso los escenarios son reales: puedes recorrer los parques por los que pasan los protagonistas. Cada cuento incluye además una canción que cantan los personajes, con su partitura al final.

Son tres historias, pero tienen muchas más: este mismo año sale la segunda parte, con otras tres. El libro se puede comprar en cualquier librería y en Amazon.

Qué es la lectura fácil y por qué nos sirve a todos

Lo más importante de este libro es que está escrito en lectura fácil: un conjunto de técnicas para adaptar un texto y que se entienda mejor. Frases más cortas, un tipo de letra adecuado, más espacio, márgenes pensados para leer con comodidad. Yo lo hojeé durante la grabación y me resultaba mucho más fácil a la vista; daban ganas de leer.

Y no es solo para niños con dislexia. La lectura fácil ayuda a personas mayores, a personas con discapacidad intelectual, a quien llega de fuera y está aprendiendo el idioma. Está, o debería estar, en cualquier texto: el cartel de recogida de equipajes de un aeropuerto, las indicaciones del metro, un documento del abogado o un testamento. Si tienes que leer un cartel cinco veces para entenderlo, no está en lectura fácil. Solo en castellano, contó Pedro, hay más de seiscientas obras adaptadas.

La lectura fácil es como un ascensor: podrías subir por las escaleras, pero todo el mundo coge el ascensor.

Del libro al aula: una lectura para toda la clase

Ahora Pedro y Noah quieren llevar el libro a los colegios, y ya lo han presentado en varios colegios y bibliotecas con muy buena acogida. La idea es que lo lea toda el aula, no solo el alumnado con dificultades. Así nadie siente que el libro que ha leído la clase lo han entendido todos menos él. No es un libro para niños con dificultades: es un libro para todos, y las historias son divertidas para cualquiera.

Le pregunté también a Pedro si la inteligencia artificial ya sabe escribir en lectura fácil. Cree que acabará haciéndolo, porque aprende rápido, pero que todavía queda. Yo lo he probado poniéndome en el lugar de una persona con síndrome de Down, y la IA no sabe bien cómo responder. Por eso hacen falta libros como este: también para que la IA aprenda de ellos.

Un libro que paga diagnósticos

Detrás del libro hay un objetivo solidario. Pedro y Nuria tuvieron que pagar el diagnóstico de Noah, y saben que no todas las familias pueden hacerlo. Por eso los beneficios de «Tres historias asombrosas» van a AFDACAT, una asociación de Cataluña, para cubrir el diagnóstico de trastornos del aprendizaje de alumnos cuyas familias no tienen recursos. Porque detectar a tiempo puede cambiar una infancia.

Terminamos con un llamamiento que hago mío: que los colegios de toda España les abran sus puertas para presentar el libro. Yo no conocía la lectura fácil hasta que empecé a leerlos, y después de esta conversación me doy cuenta de que la tenemos a nuestro alrededor sin ser conscientes, y de lo mucho que nos ayuda a todos. Porque quizá el niño que creemos que no sabe leer solo necesita que aprendamos a escribir también para él.

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