Pódcast · Episodio 35

Cuando una niña se siente capaz de todo, con Marta Pérez, de Inspiring Girls.

Marta Pérez Dorao preside Inspiring Girls España, la fundación que lleva a mujeres de todas las profesiones a los colegios para que las niñas vean que pueden ser lo que quieran. Hablamos de estereotipos, de matemáticas, de la España rural y de referentes con discapacidad.

Episodio completo en YouTube. También disponible en Spotify.

Este episodio es muy especial para mí. Llevo años como voluntaria de Inspiring Girls y he visto de cerca cómo cambian vidas. Soñaba con tener a Marta en el pódcast, porque en un espacio dedicado a las mujeres con discapacidad del mundo rural su liderazgo tenía que estar presente.

Por qué las niñas se sienten con menos oportunidades

Inspiring Girls nació de las propias niñas, que sienten que tienen menos oportunidades que sus compañeros. Según su investigación, por tres motivos:

  • Los estereotipos de género: «esto es de chicos», «esto no es de niñas». Todavía hoy se les dice.
  • La pérdida de autoestima entre la infancia y la adolescencia, que se suma a esas limitaciones externas.
  • La falta de referentes: las mujeres estamos en todos los sectores, pero en muchos no somos visibles, ni en las series, ni en la tele, ni en los periódicos.

La igualdad de oportunidades existe sobre el papel, pero en el día a día esos estereotipos se cuelan y pesan muchísimo. Por eso llevan a mujeres de todas las profesiones a colegios con clases mixtas. Algo tan sencillo como enseñar que hay mujeres en todas las profesiones cambia por completo el paradigma, también para los niños.

Las niñas y las matemáticas: se ven peores de lo que son

Marta lo explicó con un ejemplo que me dejó helada. Si en clase preguntas quién es bueno en matemáticas, levantan la mano los niños que sacan un seis, y no las niñas que sacan un ocho y medio, o un diez. Los estudios demuestran que las niñas se perciben peores en matemáticas de lo que son. Y como el sistema educativo obliga a elegir muy pronto, esa autopercepción las aparta de las carreras tecnológicas. Hay empresas de tecnología y ciencia que llaman a la fundación porque no encuentran mujeres a las que contratar.

¿Funciona lo que hacen? Un estudio con una cátedra universitaria sobre más de trescientas niñas, publicado en la revista internacional Frontiers, concluyó que el 80 % descubre que esa profesión puede ser una opción para ellas. Es decir, antes no lo pensaban.

Me sentí muy reflejada. Soy financiera, trabajo en una consultora tecnológica y tengo discapacidad. Muchas veces me dicen «tú eres diferente», y yo respondo que se llama creer en ti. Mis dos hermanos tienen altas capacidades; yo nunca me hice las pruebas, porque «las chicas no somos de eso». Marta, que hizo carrera en tecnología y ha estado en comités de dirección y consejos de administración siendo la única mujer, me entendió perfectamente.

Triple discriminación: mujer, rural y con discapacidad

Le pregunté si, cuando hablamos de igualdad, dejamos fuera a las mujeres con discapacidad del mundo rural. Para Marta son tres condiciones que exigen un empuje más fuerte: ser mujer, vivir donde hay menos oportunidades y tener una discapacidad. Ella es gaditana y lo sabe bien: la carrera que ha hecho no la podría haber hecho allí.

Por eso Inspiring Girls pone mucho foco en el mundo rural. Empezaron con un programa de alfabetización digital en la España vaciada en seis pueblos al año, en el sur de Badajoz y en la Sierra de Cádiz. Formaban a mujeres en paro del propio entorno rural y las contrataban para dar los talleres en colegios y asociaciones de familias. Porque los niños de un colegio con diez alumnos también tienen derecho a esas oportunidades, aunque no den volumen. En 2025 el programa llegó a cuarenta pueblos de España y Portugal y a más de 1.200 niños y niñas, y ya está firmado para 2026 y 2027. Alguna de esas mujeres acabó contratada por el propio colegio.

Una sola niña a la que le cambias la vida cambia a su familia, y la familia empieza a cambiar su entorno.

Referentes con discapacidad: los «imbatibles»

Cada año organizan Imbatibles, un evento con mujeres y niñas que han superado grandes dificultades: una periodista con parálisis cerebral que bromea diciendo que tiene «unos cuantos miles de millones de neuronas menos», una joven con parálisis cerebral que estudió Derecho, una campeona mundial de surf adaptado que perdió manos y pies con dieciocho años, una nadadora paralímpica ciega, una emprendedora con síndrome de Down… La gente entra pensando que tiene un problema y sale entendiendo que se puede salir adelante.

Porque no solo luchan contra el «no sabía que las mujeres podían ser esto», sino también contra el «me gustaría ser como tú, pero yo no voy a poder». Por eso hacen talleres de liderazgo desde los siete años: para que cada niña sepa que puede liderar su pequeño mundo, aunque sea capitanear el equipo de voleibol.

Una hora al año para las mujeres del futuro

Así se llama el programa en el que participo como voluntaria: mujeres de cualquier profesión, con formación previa, que van a un colegio a contar su trayectoria. No solo éxitos, también fallos y cambios de rumbo, para que los niños vean que equivocarse no es el fin del mundo. Tienen más de nueve mil voluntarias registradas. Y quien va sale tan inspirada como las niñas.

Marta contó una historia preciosa. En un taller en Airbus, en Puerto Real, participaron quince mujeres del sector aeronáutico: pilotos, ingenieras y también una soldadora, Estrella, que les dijo que no había tenido un día de paro en su vida. Cuando se matriculó en formación profesional, el profesor le preguntó si se había equivocado de aula. Dos años después, una niña reconoció a Marta en un restaurante: celebraba sus dieciocho años con cuatro amigas de clase, y las cinco iban a estudiar ingeniería aeronáutica.

«Calladita no estás más guapa»

Marta no tuvo referentes profesionales de niña. Es abogada como su padre y su abuelo, y sus referentes vitales fueron su madre y su abuela. En la empresa encontró una frase que la acompaña: la mujer que llega arriba tiene que dejar puesta la escalera para las que vienen detrás. Por eso, a petición de su hija, escribió «Calladita no estás más guapa», con los aprendizajes que ellos traen de fábrica y nosotras tenemos que aprender: pedir, decir que no, ponernos en valor, no necesitar gustar a todo el mundo y dejar el «quítate, que ya lo hago yo».

Inspiring Girls no recibe fondos públicos: funciona gracias a los convenios con empresas. Sus programas son gratuitos para los colegios, y su mayor frustración es que se queden plazas vacías porque no se conocen. Me despedí con un compromiso: llevar Inspiring Girls también a Castilla-La Mancha.

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