Nunca me sentí sola: el 8M con la música de Lorena Gómez.
Por el Día Internacional de la Mujer quise que la voz de Lorena Gómez fuera el himno del pódcast. Su canción «No estás sola» habla de sororidad y de apoyo, y las mujeres con discapacidad también somos parte de ella.
En 2006, cuando Lorena ganó Operación Triunfo, yo todavía oía con mis propios oídos, y la seguíamos en casa con mis hermanos. Veinte años después grabamos en su estudio. Cuando escuché su voz por primera vez con el implante, mi memoria la reconocía, pero no sonaba igual. Para mí estar allí, con su teclado y su voz, fue muy especial.
Nos conocimos en la radio. Conecté con ella porque vi que su compromiso era real, como cuando hizo un proyecto con la cantante Miriam Fernández. Lorena no ha vivido la discapacidad en carne propia, aunque tiene algún familiar con discapacidad. Pero lo tiene claro: nadie está libre de que le pase de la noche a la mañana, y por eso hay que tener herramientas para acompañar.
El 8M y el miedo a ser mujer
Lorena se ha criado entre mujeres, con un padre policía nacional en Lleida que todavía hoy necesita que le dé las buenas noches para quedarse tranquilo. La educaron con todo el amor del mundo, pero también desde la sobreprotección y el miedo a los peligros por ser mujer. Y lo reconoce: ser mujer le ha dado miedo en ocasiones. A las mujeres con discapacidad, añadí yo, ese miedo nos llega a niveles exagerados.
Por eso su llamamiento en el 8M es a la sororidad: que las mujeres nos unamos más, porque es fácil decir «feliz 8M» y luego ser las primeras en criticar en redes. Ojalá, dice, llegue el día en que no haga falta celebrarlo porque ya seamos iguales.
«No estás sola», su canción más autobiográfica
Todas sus canciones son autobiográficas, pero «No estás sola» es la que más la representa ahora. Ganó OT con dieciocho años y no tuvo una adolescencia normal: fue una vida muy sacrificada, pero era lo que quería. Antes de eso cantaba en una orquesta y trabajaba en una tienda de ropa para pagarse las clases de canto y su primer micrófono. Sus padres la apoyaron cuando les dijo que solo quería estudiar música. En una familia muy tradicional, fue «la oveja negra, pero querida».
No hace falta tener miles de personas alrededor para sentirte acompañada. A veces con una te sientes muy acompañada.
Para mí, esa canción habla de lo que sentimos muchas mujeres con discapacidad: que no nos escuchan, que nos silencian, o que nos dicen que no podremos tener hijos o que nadie nos querrá. Lorena también habla de otros estándares: que a los veinte hay que enamorarse, a los treinta casarse y tener hijos antes de que «se te pase el arroz». Ella no ha seguido ese guion, y celebra que hoy haya madres que lo son después de los cuarenta sin ninguna presión.
La presión estética y las frases peligrosas
Yo le conté que engordé 33 kilos con el embarazo de mis mellizos, en pleno confinamiento y con la boda aplazada, y que después de dar a luz me subí a la bici obsesionada con entrar en el vestido de novia. Lorena lo entiende: ha probado todas las dietas y conoce a amigas «encarceladas» en un cuerpo que no es el que quieren. Para ella, la frase más peligrosa es el «qué guapa estás» que te dicen cuando adelgazas. La clave, dice, es quererse cada día un poco más, y no solo por fuera.
Estar sola no es lo mismo que sentirse sola
Le pregunté si no estar sola la había llevado alguna vez al silencio. Antes no soportaba el silencio y ahora lo adora; desde la pandemia le cuesta más socializar con gente nueva. Y marcó una diferencia que me hizo pensar: no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Ella perdió a su madre hace cinco años, sus hermanas viven lejos y su pareja tiene su propia vida. Ha aprendido a disfrutar de estar sola en casa, con una manta y una serie. Pero para llegar ahí hubo un proceso.
Yo le hablé de una mujer en silla de ruedas de Cáceres que se siente sola porque no puede salir de casa: faltan taxis adaptados. Esa soledad no se elige. Y le conté que a mí, aunque la oiga «de aquella manera», la música me acompaña.
Ir al psicólogo es como ir al gimnasio
Las dos coincidimos en algo que repito mucho aquí: la importancia del psicólogo. Lorena le da las gracias a su psicóloga, Carmen, porque es «otra Lorena» desde que ganó OT. Ir al psicólogo no es estar loca: es como ir al gimnasio, pero para la mente y las emociones. Una amiga siempre querrá darte la razón; una profesional te mira desde la neutralidad y te dice cuándo el problema lo tienes tú.
Perseguir lo que quieres
Lorena abrió otro melón: cuánta gente vive infeliz haciendo algo que no quiere por necesidad. Ella fue a recoger fruta con su padre mientras sonaba Céline Dion en la radio, soñando con ser como ella. Yo trabajaba en banca y podía haberme quedado allí toda la vida, pero me fui a Madrid, cambié de empresa y me fui a Estados Unidos. A una persona con discapacidad se le suele decir «quédate donde estás y da gracias». Eso no es felicidad: es conformarse.
El trabajo te acerca la suerte y las oportunidades. No llaman a tu puerta con una varita mágica.
Aunque tengas a tu familia al lado, al final quien tira hacia delante eres tú. Lo digo por mí: cuando me quedé sorda, mi familia estaba, pero no entendía cómo estaba yo. Lorena quiere que su hijo la vea feliz, y ella es feliz cantando. Seguirá, dice, micrófono en mano, aunque lleguen los calores de la menopausia. Terminamos escuchando «No estás sola». Porque llorar no es rendirse: es soltar lo que ahoga.