Pódcast · Episodio 29

Las apps de citas sí ayudan: amor y sexualidad con discapacidad, con la psicóloga Lara Ferreiro.

En febrero, el mes del amor, hablé con la psicóloga Lara Ferreiro, especialista en relaciones, de un tema que casi nunca se toca: la sexualidad y el amor de las mujeres con discapacidad. Y acabé abriéndome más de lo que esperaba.

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Lara es psicóloga clínica especializada en relaciones y autora de «Adicta a un cabrón» y «Ni un capullo más». El primero nació de su propia experiencia: con 22 años estudiaba Ingeniería Industrial y estaba en una relación tóxica. Un test en una librería le abrió los ojos, lo dejó todo y decidió dedicarse a que a nadie le pasara lo mismo. Con una autoestima fuerte y unos padres que la apoyaban, cayó igual. Por eso insiste en que le puede pasar a cualquiera.

A las mujeres con discapacidad se nos asexualiza

Le pregunté qué palabra le venía a la cabeza al juntar mujer, discapacidad y sexualidad. La respuesta fue inmediata: se nos asexualiza. Si preguntaras por la calle, mucha gente diría que una mujer con discapacidad no tiene deseo. Y no es así: según un estudio que cita Lara, el 85 % de las mujeres con discapacidad quieren tener relaciones íntimas. Muchas no las tienen por el rechazo o el miedo al rechazo. Y otras sienten que tienen que agradecer que alguien se fije en ellas, como si el otro fuera el premio. Nada de eso: es una relación de igual a igual.

Lara habla también de la sexualidad interiorizada: mujeres que eligen una especie de celibato porque dan por hecho que no van a gustar o que no las van a entender. Detrás casi siempre está el miedo, una de las emociones más potentes que existen.

Las mujeres con discapacidad no son defectuosas. Son mujeres con deseo, con derecho a reclamar su placer.

Autoestima, perfeccionismo y sobrecompensar

Los datos que maneja Lara son duros: la gran mayoría de las mujeres españolas no se sienten a gusto con su cara o su cuerpo. Se miran al espejo y se llaman gordas, viejas, invisibles. Hay niñas de diecisiete años que piden bótox por su cumpleaños. A esa presión por ser guapa, exitosa y «supermamá», súmale una discapacidad.

Explicó que la autoestima puede venir de dentro, de cómo te hablas a ti misma, o de fuera, de que te quieran los demás. Y la de fuera nunca es suficiente. Muchas mujeres con discapacidad caen además en la trampa de sobrecompensar: «como nací con una tara, tengo que compensarlo siendo perfecta en todo». El perfeccionismo, dice, funciona como una anorexia: siempre falta un poco más.

Ahí me vi retratada. Nadie piensa que tengo discapacidad porque hago un trabajo brutal para que no se note: gimnasio a las cinco y media de la mañana, mellizos, intentar ser la madre perfecta. Y mi cuerpo me está diciendo «basta». Creo que eso no es quererme más, sino menos, porque intento agradar a la sociedad. Lara lo resume así: quizá no llegas a un diez en todo, pero con un siete en casi todo estás mucho mejor.

Redes sociales: comparación, filtros y odio

Lara es muy crítica con las redes. Son un escaparate que te repite que no eres suficiente, un lugar donde se insulta sin ver a la otra persona, sin la empatía que da mirarse a los ojos. Ya se prohíben a menores de dieciséis años y ella las subiría a dieciocho. Hay quien va al cirujano con la foto de su propia cara con filtro. Antes de una cirugía estética, dice, muchas veces haría falta un psicólogo.

Pero también reconoce su parte buena: gracias a ellas se divulga sobre sexualidad y hay creadoras con discapacidad que muestran que ellas también pueden. Eso sí, siempre que se haga desde la divulgación sana.

Sexualidad sin moldes: mucho más que la penetración

Lara defiende pasar de un modelo de sexualidad centrado en el coito a uno centrado en el placer. La mayoría de las mujeres llegan al orgasmo por estimulación del clítoris, no con la penetración, y la piel es el órgano más grande que tenemos. Hay muchas formas de dar placer: masajes, caricias, besos, música. Para las mujeres con discapacidad es importante romper el mito de que lo que cuenta es la penetración. Y explorar: yo me quito el implante por la noche y no oigo nada, y eso también forma parte de la exploración. Un muñón también se toca.

El duelo corporal: aceptar tu propio cuerpo

Antes de una sexualidad compartida sana hay que explorar la propia. Lara trabaja con mujeres con discapacidad frente al espejo, parte por parte, y ahí aparece el rechazo interiorizado: «esta parte es defectuosa», «si se la enseño, me va a rechazar». Lo explicó como un duelo corporal por fases:

  • Shock y negación: si no nombro esa parte, no existe.
  • Rabia: «¿por qué a mí?». Hay que permitir expresarla.
  • Culpa: no me reconozco, me siento mal con mi cuerpo.
  • Tristeza y miedo: llorar por el cuerpo que no tienes y temer que no te acepten.
  • Aceptación: reencontrarte y permitirte explorar.
  • Exponerte: ir a una cita no para que te quieran, sino para conocer y conocerte.
Una persona que no te conoce de nada no puede validarte. No somos billetes de 500 euros: ni vamos a gustar a todo el mundo ni nos tiene que gustar todo el mundo.

Las aplicaciones de citas sí ayudan

Seis de cada diez parejas se conocen ya por aplicaciones, y Lara está muy a favor. La gente va de casa al trabajo, en los bares ya casi nadie se acerca y hay mucha soledad no deseada. Si te encuentras a alguien que se porta mal, el problema es esa persona, no la aplicación. El truco, dice, es hacer un buen «casting del amor», como un proceso de selección, con preguntas que descarten.

Yo conté mi historia. A mi marido lo conocí por Tinder. Posibilidades con hombres he tenido siempre; mi vulnerabilidad aparecía al quitarme el implante. Entonces me sentía «la otra», la silenciada. Una vez, bailando en una discoteca, a un chico se le cayó mi implante al darme una vuelta. Lo recogí a oscuras y me quedé sorda antes que volver a ponérmelo delante de él. Ese es el miedo a que piensen que eres defectuosa. Por eso, con mi marido puse las cartas sobre la mesa desde el principio, aunque por dentro temblaba. En una aplicación primero conocen a la persona y después la discapacidad.

Cuidarse en el sexo ocasional

Lara advierte de un riesgo real. Hay mujeres con discapacidad que, como han tenido pocas oportunidades, acuden a casa de un desconocido solo porque alguien se ha fijado en ellas, y se exponen a situaciones muy inseguras o a personas que las utilizan. Su consejo: el sexo ocasional es legítimo, pero con un filtro previo y rituales de seguridad. Y un recordatorio: feminismo no es acostarse con todos sin responsabilidad afectiva, sino ser libre para elegir.

Maternidad, pareja y discapacidad

Hablamos también de maternidad. La carga de la casa y la crianza sigue recayendo sobre todo en las mujeres, y con discapacidad pesa todavía más. Lo digo por experiencia: soy madre de mellizos, vivo el silencio con mis hijos y ellos y mi marido se han adaptado a mí. Pero con las hormonas del parto, un cuerpo que no aceptas y tu discapacidad, o tienes a tu lado a alguien con la cabeza y el alma en su sitio o no puedes con todo.

El mensaje de Lara para cerrar: no sois insuficientes. Sois suficientes, completas, con deseo. No permitáis que nadie os trate mal, queredos por encima de todo, trabajaos y sacad vuestra luz, que es muchísima.

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