Pódcast · Episodio 26

Te lo demuestro: mi madre me lo dio todo, por eso soy médico, con Javier Adán.

Javier Adán es médico en Ibiza, atleta adaptado y tiene una lesión del plexo braquial desde que nació. Es el primer hombre que se sube al pódcast, y lo hace para hablar de la mujer que lo sostuvo todo: su madre.

Episodio completo en YouTube. También disponible en Spotify.

Aquí damos voz a las mujeres con discapacidad, pero en 2026 estrenamos algo: el primer hombre en el pódcast. Javier llegó a través de Cristina y David, deportistas paralímpicos con los que comparte un proyecto. Muchas madres con discapacidad nos han contado aquí su historia, pero pocas veces un hijo cuenta la de su madre. Eso es lo que quería escuchar.

Una distocia de hombros y una lesión del plexo braquial

Javier tiene 29 años y es de Quesada, un pueblo de Jaén. Su discapacidad viene del parto: hubo una distocia de hombros, una de las mayores urgencias obstétricas, en la que el hombro del bebé se queda encajado y corren peligro tanto la madre como el bebé. Cuando pasa, ya no hay tiempo para una cesárea. Pudieron sacarle, pero se produjo una lesión del plexo braquial izquierdo: los nervios que salen del cuello hacia el brazo se arrancaron.

Desde entonces tiene afectado todo el lado izquierdo del tronco superior. No puede levantar el brazo, llevarlo a la espalda ni rotarlo. El brazo es más pequeño por la atrofia muscular. Y no tiene sensibilidad en esa zona: ni temperatura, ni dolor, ni tacto. De pequeño se hizo quemaduras y heridas serias sin darse cuenta.

Una madre que lo dio todo

Hoy, de adulto, lo tiene claro: su madre lo ha pasado peor que él. Es maestra, «la mejor maestra que existe», y aunque su padre estaba, fue ella quien se encargó de todo. Recorrió Andalucía y media España buscando traumatólogos, neurólogos, rehabilitadores y fisioterapeutas; adaptó la casa, colgó poleas en el salón para que hiciera ejercicios. Y lo sigue haciendo. Al mismo tiempo, quería dar a sus dos hijos la misma educación, sabiendo que la vida de uno y otro iba a ser distinta.

Le pregunté si su madre se sintió culpable. Javier cree que es algo íntimo y que, como cualquier madre, al principio seguramente sí. Hoy sabe que no fue culpa de nadie.

Primero consigue las cosas. Cuando te hayas demostrado de lo que eres capaz, toma la decisión que quieras y yo estaré contigo.

Esa frase de su madre le sostuvo cuando, en primero de carrera, quiso dejarlo todo. Yo pensé en la madre de Forrest Gump: siempre hablamos de él, pero pocas veces del papel que tuvo ella.

Esconder la discapacidad: los complejos de la adolescencia

Tuvo una infancia feliz. Lo difícil llegó al crecer: en los deportes no podía hacer lo mismo que los demás y se sentía culpable si su equipo perdía, así que dejó actividades que le gustaban «por el qué dirán». Ha arrastrado toda la vida un complejo muy grande por tener una parte del cuerpo visiblemente diferente, que atrae miradas, preguntas y, a veces, burlas. No se quitaba la camiseta en la playa.

Mucha gente le dice que no se le nota. Es que aprendió desde pequeño qué gestos hacer y cómo mover las manos para disimularlo. Me vi en él: yo también he enmascarado mi discapacidad para pasar desapercibida y ser una más. Es un trabajo brutal, un dolor interno cada día. Y en casa era «Javier el gracioso», la cara que mostraba mientras la ansiedad se quedaba dentro. Hace quince años, dice, hablar de salud mental era tabú.

El fondo del pozo

El clic llegó hace dos años, ya en Ibiza, en una etapa muy mala a nivel personal, anímico y laboral. Un día se miró al espejo y reconoció que estaba en el fondo del pozo. Me lo explicó con una imagen:

Es como estar atrapado en un submarino que no para de hundirse. Si racionas el oxígeno puedes aguantar, pero la vida no puede consistir en conformarte con respirar mientras te sigues hundiendo.

Quería ser inspector de Hacienda; acabó siendo médico

De pequeño, entre tanta sala de rehabilitación rodeado de adultos que se quejaban de Hacienda, decía que quería ser inspector de Hacienda. En el instituto descubrió que lo que le hacía feliz era ayudar a los demás. Primero pensó en ser fisioterapeuta, como Elena Mayenco, su fisio durante dieciocho años, pero con su brazo el trabajo físico le habría destrozado la espalda. Así que eligió ser médico, como todos los que le habían ayudado desde el parto.

Estudió seis años de Medicina en Granada, preparó el MIR en plena pandemia, confinado en Córdoba con un amigo, y entre medias le operaron de un ojo con complicaciones. Aun así sacó plaza. Eligió Ibiza «a la aventura» y está contento con la decisión. Ahora hace además un máster en medicina del deporte.

Lo cuenta como si fuera fácil, y no lo es. Él lo llama síndrome del impostor: le quita valor a cada logro y siente que su plaza podría ser de otro. Cuando en urgencias una sutura o una reducción de hombro se complica, piensa que otro médico lo habría hecho mejor. Se emocionó al decirlo. Yo le dije que esas lágrimas no eran de derrota: los médicos con discapacidad tienen el doble o el triple de mérito.

El atletismo adaptado

Salir del pozo empezó con una conversación. Una matrona del hospital le habló de un club de atletismo de Ibiza donde, además de correr, hay compañerismo, nutricionistas y fisioterapeutas que saben adaptar el entrenamiento. Javier nunca había hecho deporte: lo suyo eran los videojuegos y los juegos de cartas. Su primera carrera la terminó fatal y lesionado. Pero se enganchó.

A través de una asociación de Ibiza participó en el Campeonato de Baleares y, después, en el Campeonato de España de atletismo adaptado, rodeado de campeones paralímpicos. Allí conoció a Cristina y a David, campeón de España en su categoría. Por primera vez en mucho tiempo se sintió uno más. Porque él lo aplica cada día: si él puede con todo lo que le cuesta, cualquiera puede.

Me despedí con una frase para él: sigue creyendo en ti, Javier. Y con ganas de conocer a su madre, porque de tal palo, tal astilla.

Ver el episodio en YouTube

← Todos los episodios de «El no silencio de Elena»

Contacto

¿Hablamos?

¿Quieres contar tu historia en el pódcast o proponer una colaboración? Escríbeme.

hola@elnosilenciodeelena.com