Liderazgo femenino inspirado en Isabel la Católica, con la actriz Estela Perdomo.
Estela Perdomo es actriz y productora, y da vida a Isabel la Católica en una obra de teatro que mezcla historia e inteligencia artificial. Hablamos de una mujer adelantada a su tiempo: madre, reina y la mujer más poderosa del mundo en un mundo hecho por y para hombres.
A Estela la conocí en la radio, cuando presentaba su obra sobre Isabel la Católica, y conecté con ella enseguida. Para mí, Isabel representa el feminismo. En la discapacidad no solo se ve la vulnerabilidad, también la fortaleza, y eso es lo que Estela trajo al pódcast, con la corona puesta. Una corona que, por cierto, pesa como la propia reina.
Una visión humana de Isabel la Católica
Estela lleva muchos años en la profesión, primero como actriz y después como productora, cuando hay historias que siente que necesita contar. Con el dramaturgo Juan Carlos Guerra, autor de la obra, se propuso dar una visión más personal y humana de Isabel: lo que consiguió como mujer en una época tan condicionada y, después, como reina, llevando un reino como Castilla a convertirse en un gran imperio.
Para construir el personaje fueron a las tesis y a las fuentes más fiables, porque sobre Isabel hay mucho escrito, y mucho con intención de quitarle valor. Lo que encontraron fue a la mujer más poderosa del mundo de su tiempo, una figura que deberíamos tener más cerca como referente.
Fortaleza, fe y valentía: tres rasgos para llevarse
Le pedí tres rasgos de Isabel que toda mujer debería hacer suyos. Estela lo tuvo claro: fortaleza y confianza para seguir adelante aunque a tu alrededor te digan que no puedes; fe en lo que consideras correcto, porque si crees que tu proyecto aporta, eso te da impulso; y valentía, porque hay que ser muy valiente para ir contra todo.
Hay que tener mucha fortaleza y confianza para seguir adelante, independientemente de lo que suceda a tu alrededor y de que te digan que tú no puedes.
Madre, reina y mujer: conciliar en el siglo XV
Mientras hablábamos pensé en la maternidad. Muchas madres han pasado por el pódcast, madres de hijos con discapacidad y madres con discapacidad como yo. Isabel también fue madre, y en una época en la que el hombre ejercía el poder y la mujer cuidaba de los hijos, ella consiguió combinar la responsabilidad política con la maternidad. En la obra hay una frase suya que lo resume: fue el mejor ejemplo de que era posible.
Lo que más nos impresiona a las dos es que aquel avance no tuviera continuidad: durante siglos, los derechos de las mujeres fueron hacia atrás. Y hoy todavía son pocas las mujeres que llegan a la política o a la alta dirección siendo madres. Yo creo que muchas veces nosotras mismas nos ponemos palos en las ruedas; Estela ve que eso está cambiando y que cada vez nos ayudamos más entre nosotras, aunque la culpa de la madre que trabaja siga ahí.
«Minusválida»: la palabra que también se aplicó a Isabel
Estela hizo una reflexión que me removió. Hoy no usamos el término «minusválido» por sus connotaciones, pero en tiempos de Isabel la mujer era, literalmente, considerada menos válida que el hombre. Imagina dar órdenes y gobernar mientras todo el mundo a tu alrededor piensa que no tienes el conocimiento, la confianza ni la valía para hacerlo.
Para aguantar eso hacía falta una salud mental de hierro. Yo creo, además, que Isabel era muy inteligente: sabía observar, manejar los tiempos y usar bien las cartas que le dio el destino. Desde mi punto de vista, llamar «loca» a su hija Juana también fue una forma de hacer de menos a una mujer inteligente.
Si empatizáramos todos un poquito más con todos, creo que nos iría un poquito mejor.
Y abrimos otro melón: el de que las mujeres somos demasiado emocionales para gobernar. Las dos discrepamos. Para Estela, la empatía no es una debilidad en la gestión: si empatizas con el pueblo, pones los medios a su favor. Y yo lo veo en el mundo de la empresa: con la inteligencia artificial, lo que se busca son personas creativas, sensibles y capaces de adaptarse a entornos que cambian constantemente.
Una obra de teatro con inteligencia artificial
La obra es una propuesta innovadora para que la historia no le dé «perecilla» a nadie, y menos a los jóvenes. Se plantea como un documental que se graba en directo sobre Isabel la Católica, con proyecciones en las que aparecen personajes de su tiempo, como Fernando, Colón o su hija Juana, y con la inteligencia artificial en escena. El siglo XV y la tecnología más actual, juntos, y un público que también participa.
Llevan dos años trabajando en el proyecto. Ya han hecho un ensayo general con muy buena respuesta y ahora buscan teatros en Madrid, festivales y ayuntamientos de toda España, en ciudades grandes y pequeñas. Es una obra para todos los públicos, pero con una misión clara: que la gente joven vuelva al teatro.
La inteligencia artificial nunca se podrá comer el teatro.
Que la historia no muera
Estela ya había interpretado a Clara Campoamor en el proyecto Teatro del Rescate, que recupera personajes históricos. Cree que la historia hay que conocerla para aprender de ella y poner en valor lo positivo, y que necesitamos referentes igual que otros países los abanderan. A mí me preocupa que, si nadie apuesta por estas figuras, mis hijos crezcan sin que Isabel les suene de nada.
Yo le pregunté qué necesita para que la obra siga adelante, porque «El no silencio de Elena» es una cadena de ayudas entre nosotras: tú me ayudas y yo te ayudo. Y la invité al primer directo del pódcast, en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Porque, como le dije, me encantaría tener a Isabel delante y preguntarle cómo ve a las mujeres con discapacidad del mundo rural. Para mí, ella es la representación de muchas de nosotras.