Me vio y me adoptó: la fuerza de la familia, con Cristina y David Madroñero.
Cristina tiene parálisis cerebral, fue adoptada a los cinco años y es campeona de España. David Madroñero nació sin la mano derecha y es campeón de España de atletismo adaptado. Hablamos de la fuerza de la familia y del deporte como herramienta para romper barreras.
Hoy me acompañan dos deportistas increíbles: Cristina, mi toledana favorita, y David, un madrileño lleno de curiosidad. Juntos, y con Javier, del que hablaremos en otro episodio, están preparando un proyecto para dar visibilidad al deporte adaptado. Y David es el primer hombre que se sube al pódcast en persona. Cuando Cristina me habló de él, no pude decir que no.
Cristina: una habitación a oscuras y una pediatra valiente
Cristina tiene 31 años y parálisis cerebral infantil, triplejía espástica. Nació prematura y con poco peso, y la falta de oxígeno en el parto le afectó a las piernas. No gateó hasta los cinco años. Su familia biológica no se hizo cargo de ella ni de su hermana, dos años menor: estaban las dos en una habitación a oscuras, sin cuidados, y sin ir a las citas médicas que necesita un bebé prematuro. Los servicios sociales se dieron cuenta y las llevaron a un piso tutelado.
Lo bueno vino después. Su pediatra conoció la situación y dijo que sí: las adoptó a las dos, aunque ya tenía cuatro hijos biológicos. Seis hijos, familia numerosa. «Me han tocado los mejores», dice Cristina.
David: una ecografía y una decisión
A David le detectaron en una ecografía, a las pocas semanas de embarazo, que le faltaba la mano derecha. Su madre trabajaba con fármacos radiactivos y no sabían qué podía estar pasando. Podían haber interrumpido el embarazo, pero sus padres decidieron seguir adelante. Al final, era solo la mano. Como madre, sé lo que se tiembla en la ecografía de la semana veinte, y lo fácil que es echarse la culpa. Pero no hubo relación ni con la genética ni con el trabajo de su madre.
Lo más duro, en realidad, fue una alergia grave a la proteína de la leche: medio biberón y a urgencias. En 1999 casi nadie sabía de alergias así. Fue su madre, que trabajaba en sanidad, quien pidió que le hicieran las pruebas. Hoy David tiene una madurez que me llama muchísimo la atención. Él la atribuye a la vida: vivir solo desde joven, pasar la pandemia fuera de casa y la disciplina del deporte.
Crecer con la discapacidad
David nunca se sintió diferente: nació así y estuvo siempre en el mismo colegio con los mismos compañeros. Reconoce que hay gente con prejuicios, pero dice que la discapacidad también te ayuda a seleccionar a las personas. Y lo resume así: por un lado se cierran puertas, pero por otro se abren. Para él, esa puerta fue el deporte.
Cristina pasó de los cinco a los doce años entre andador y silla de ruedas. La operaron a los doce, con las piernas abiertas y una barra de hierro entre ellas para rotarle las rodillas, que tenía hacia dentro. Y otra vez a los catorce, de la rodilla para abajo. Fue en el hospital Niño Jesús de Madrid, con la rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. La primera vez, reconoce, fue «engañada»: pensaba que al día siguiente iba a caminar. La segunda ya sabía lo que le esperaba.
Cómo llegaron al deporte
A David su padre le enseñó bádminton y tenis. Jugó al fútbol, como casi todos los niños, y hacía cross en el colegio, hasta que vio que sus cualidades estaban en el atletismo. Con 16 años, el padre de unas niñas que entrenaban con él, entrenador de atletismo, le habló del deporte paralímpico. Hasta entonces no sabía que existía. Su primera medalla llegó en su primer Campeonato de España, en Murcia: llegar y besar el santo.
Cristina empezó en la natación gracias a su profesor de Educación Física del colegio y llegó a competir. En 2020, el Comité Paralímpico Español se puso en contacto con ella para el atletismo en silla de ruedas. Hoy es campeona de España tres años consecutivos. Con esa voz dulce y esa apariencia delicada, es una guerrera. Ahora prepara además las oposiciones de auxiliar administrativo del SESCAM, compaginándolas con el gimnasio y la pista.
Categorías, distancias y mínimas: cómo funciona el deporte paralímpico
David me explicó cosas que yo no sabía. Antes de competir en un campeonato adaptado, una revisión médica te clasifica en una categoría. La suya es la T47. Él se preparaba para medio fondo, como el 800, pero en su categoría solo le permitían 100, 200 y 400 metros. Dos años antes, los T47 sí podían correr fondo. Son decisiones burocráticas: a veces no hay suficientes atletas en una prueba.
Para ir a unos Juegos Paralímpicos, cada país consigue un número de plazas por deporte según sus resultados en los mundiales del ciclo anterior. Luego hay que hacer la mínima: la del Comité Paralímpico Internacional, que es sencilla, y la de cada federación, normalmente calculada a partir de la media de los ocho mejores del ranking mundial. La idea es que quien vaya pueda quedar entre los ocho mejores del mundo. Los dos sueñan con estar en los próximos Juegos.
Entrenar, trabajar y estudiar
El día de David no tiene huecos. Entrena por la tarde, de ocho a nueve y media; de nueve y media en adelante trabaja de noche como conserje, y en los ratos libres estudia online un grado superior de informática, porque quiere unir la gestión administrativa y las finanzas con la tecnología. Bromea con que ojalá la inteligencia artificial entre en las federaciones deportivas para cambiar algunos criterios.
Sus referentes: Rafa Nadal, Lidia Valentín o las marchadoras españolas. El de Cristina, en cambio, lo tuvo claro: su madre. La que la vio, la eligió y la adoptó. Porque en el mundo rural las personas con discapacidad desaparecen y se vuelven invisibles. Y Cristina, gracias a una familia que la acogió, a los servicios sociales y al deporte, es hoy campeona. Qué historia de superación.